Cuando en el inicio de los tiempos los kamis cayeron al mundo, uno de ellos varió su destino y se hundió profundo en la tierra. Se dice que su caída fue de tal magnitud que abrió una puerta entre los reinos espirituales y creó una entrada al Jigoku, el lugar donde mora todo el mal.
El propio kami quedó totalmente corrupto y, envidioso de sus hermanos, envió a todas las criaturas de pesadilla que le servían para conquistar Rokugan. Tan solo la intervención de Shinsei, monje de inmensa sabiduría, y de los 7 Truenos, campeones humanos representantes de cada uno de los clanes, consiguieron derrotar a Fu-Leng.
Pese a ello, las tierras cercanas al lugar de su caída quedaron corruptas más allá de toda esperanza y son puerta de entrada para los horrores del Jigoku. Son unas tierras baldías que se encuentran en el sur-oeste de Rokugan, un lugar horrible, corrupto y deformado por el poder de ese Reino del Mal. Están habitadas por criaturas tenebrosas y horripilantes conocidas como “Oni” que son demonios del infierno, su empuje es poderoso y solo el jade y/o el cristal puede dañarlos. También viven allí ogros gigantescos, e incluso los muertos renacen en esas tierras podridas sometidos a la voluntad del Señor Oscuro. Además esa corrupción se extiende hasta las personas en forma de la enfermedad conocida como LA MANCHA, que te corrompe y te somete poco a poco a la voluntad de Fu-Leng.
Desde su inicio, el clan del Cangrejo mantiene a raya las fuerzas de las Tierras Sombrías a lo largo de la Muralla del Carpintero, un enorme muro que es la frontera entre Rokugan y esas tierras. Para su desgracia el Cangrejo perdió el territorio de los Hiruma, que ahora está al otro lado de la Muralla y el territorio de la familia Kuni es hoy un yermo muerto donde nada crece.
Por último, existe una profecía que habla del día en que Fu-Leng volverá, y traerá la perdición a todo Rokugan.
El propio kami quedó totalmente corrupto y, envidioso de sus hermanos, envió a todas las criaturas de pesadilla que le servían para conquistar Rokugan. Tan solo la intervención de Shinsei, monje de inmensa sabiduría, y de los 7 Truenos, campeones humanos representantes de cada uno de los clanes, consiguieron derrotar a Fu-Leng.
Pese a ello, las tierras cercanas al lugar de su caída quedaron corruptas más allá de toda esperanza y son puerta de entrada para los horrores del Jigoku. Son unas tierras baldías que se encuentran en el sur-oeste de Rokugan, un lugar horrible, corrupto y deformado por el poder de ese Reino del Mal. Están habitadas por criaturas tenebrosas y horripilantes conocidas como “Oni” que son demonios del infierno, su empuje es poderoso y solo el jade y/o el cristal puede dañarlos. También viven allí ogros gigantescos, e incluso los muertos renacen en esas tierras podridas sometidos a la voluntad del Señor Oscuro. Además esa corrupción se extiende hasta las personas en forma de la enfermedad conocida como LA MANCHA, que te corrompe y te somete poco a poco a la voluntad de Fu-Leng.
Desde su inicio, el clan del Cangrejo mantiene a raya las fuerzas de las Tierras Sombrías a lo largo de la Muralla del Carpintero, un enorme muro que es la frontera entre Rokugan y esas tierras. Para su desgracia el Cangrejo perdió el territorio de los Hiruma, que ahora está al otro lado de la Muralla y el territorio de la familia Kuni es hoy un yermo muerto donde nada crece.
Por último, existe una profecía que habla del día en que Fu-Leng volverá, y traerá la perdición a todo Rokugan.

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